La comarca de Sierra Mágina se extiende alrededor del macizo central del mismo nombre, que está compuesto por rocas fundamentalmente calcáreas, lo que se traduce en una morfología con presencia de numerosas cuevas, simas y acanaladuras y que, al ser muy permeables dan lugar a la existencia de acuíferos y cursos de agua subterránea, que emerge a la superficie en contacto con materiales impermeables en la base del macizo, dando como resultado manantiales y nacimientos, siguiendo las fracturas y dislocaciones del terreno, forman arroyos y pequeños ríos que vierten sus aguas en el Guadalbullón y el Jandulilla, ambos afluentes del Guadalquivir.
El territorio se sitúa entre los aproximadamente 600m de las zonas de campiña de la depresión del Guadalquivir y los 2.167m del Pico Mágina, con una climatología de tipo mediterráneo continental, con temperaturas que bajan frecuentemente de los 0º en invierno y superan los 35º en verano. Los índices pluviométricos son muy desiguales, alcanzando los 900 mm de media en las zonas más altas y descendiendo rápidamente en función de la altitud, hasta las extensiones áridas de la zona este.
Esta especial orografía da como resultado una riqueza y diversidad paisajística unida a otros factores como la representatividad de sus ecosistemas o la singularidad de su flora y fauna, dieron lugar a la declaración en 1989 del Parque Natural de Sierra Mágina sobre una extensión de casi 20.000 Has de la comarca, que junto con la superficie de uso forestal (18.829 Has), suponen casi el 28% del total comarcal.
Al área del Parque Natural se unen en Mágina otras zonas de gran interés ecológico, entre las que cabe destacar los paisajes subdesérticos del este de la comarca y los humedales del Embalse de Pedro Marín, al norte, declarados espacio protegido por la figura de Paraje Natural.
Las tradiciones y la cultura popular guardan la memoria histórica de nuestros pueblos. Las fiestas, los actos sociales o los cotidianos conservan y transmiten los mitos, las costumbres y la historia acumulados a lo largo de los siglos, que siguen presentes en los hábitos familiares ligados a noviazgos, bodas, bautizos y entierros, y quedan patentes en el folclore y en la tradición oral de las gentes de Mágina.
Las fiestas populares, ligadas al ciclo natural de las estaciones, de la siembra y la cosecha, de la ganadería, nos recuerdan antiguos rituales cuyos orígenes se pierden en el tiempo y en los que el agua y el fuego actúan como elementos principales que han sido asumidos e incorporados a las prácticas religiosas, como en el caso de las hogueras de San Antón, o de la impresionante Procesión de los Hachones, de Albanchez de Mágina, ahora integrada en las fiestas en honor del patrón, San Francisco de Paula.
Así también, las Vírgenes cristianas han suplantado a las antiguas diosas de la fertilidad para seguir señalando las fuentes y los manantiales, junto a los que han nacido y se han desarrollado nuestros pueblos. Hoy el agua sigue siendo una de nuestras mayores riquezas y sus lugares de afluencia, transformados en áreas recreativas, siguen constituyendo puntos de encuentro de romerías y fiestas populares. Los santuarios y romerías de la Virgen de Cuadros (Bedmar) de la Virgen de la Fuensanta (Huelma), de la Virgen de Cánava (Jimena) o de la Virgen de Gracia (Pegalajar), todas ellas ligadas al culto al agua, son ejemplos vigentes de esta tradición y devoción.
Otro componente fundamental de la tradición popular de Mágina se encuentra en la época de la frontera entre los reinos cristiano y musulmán, que ha dado lugar a mitos sobre tesoros escondidos o historias sobre amores imposibles, que se recogen en romances y canciones. Milagros, apariciones y leyendas vinculadas a hechos de armas están también presentes en la cultura popular, siendo fiel reflejo de ello las Fiestas de Moros y Cristianos que se celebran en Bélmez de la Moraleda, Cárcheles y Campillo de Arenas.
La diversidad del patrimonio arquitectónico y artístico de Sierra Mágina no es casual, sino producto de su historia y del paso y asentamiento de numerosos pueblos que han ido dejando su impronta en el territorio, para conformar lo que hoy es una comarca con marcadas señas de identidad históricas, culturales y etnológicas.
Sierra Mágina ha sido lugar de paso y asentamiento de numerosos pueblos: ya en la prehistoria, las numerosas cuevas y abrigos naturales sirvieron de refugio a la presencia humana, que dejó su huella en las pinturas rupestres de la Graja o el Morrón. Desde entonces, y a lo largo de los siglos, otras culturas han ido configurando la que hoy es la identidad de Mágina. La fuerte presencia íbera se constata en toda la comarca a través de importantes hallazgos y yacimientos arqueológicos, y antiguas ciudades romanas han evolucionado hasta dar lugar a los pueblos que hoy conocemos. La presencia islámica, entre los siglos VIII y XIII, supone una época de gran esplendor y desarrollo de la comarca, así como los dos siglos posteriores, en los que se alternan largos períodos de convivencia e intercambio con otros de lucha por la frontera entre los reinos cristiano y musulmán, los cuales han dejado su huella en el territorio en forma de castillos y torreones, en la configuración de los pueblos, en las tradiciones y fiestas populares y en la gastronomía. A lo largo del Renacimiento, la ocupación francesa, el Modernismo y hasta la primera mitad del siglo XX, la comarca de Sierra Mágina continúa su progreso económico y demográfico, que se ve bruscamente invertido a partir de la Guerra Civil y la postguerra, debido a unas condiciones de aislamiento geográfico y social y a una economía que no se supo adaptar a los procesos de la tardía industrialización española de los años 50, que provocaron una fuerte incidencia de la emigración y un descenso de población entre 1950 y 1991, que en algunos pueblos alcanza el 50%.
El legado monumental de Mágina está representado por obras civiles, religiosas, militares y populares, así como por los yacimientos arqueológicos existentes en la zona.
El curanderismo, la predicción del tiempo por "las cabañuelas", la costumbre de tapar las cerraduras con las gachas de la Noche de Difuntos "para que no entren los espíritus", las fiestas en torno al fuego y al agua, o las numerosas procesiones que se vienen realizando desde hace siglos para proteger los campos de plagas y sequías, son reminiscencias de antiguos rituales de origen incierto y expresiones de la memoria colectiva popular que se mezclan y conviven con la más ferviente religiosidad.
Enfermedades y lesiones como la “culebrilla” o las “quebrancías”, o hechizos malignos como el “mal de ojo”, cuyo remedio estaba a cargo de santiguaderas y ensalmadores que pueden asimismo prevenir estos males mediante amuletos o “higas”, constituyen una tradición de curanderismo que llega hasta nuestros días. El ejemplo más reciente y más conocido es el de “el Santo Custodio”, que vivió a principios del siglo XX en la aldea de Hoya del Salobral (Noalejo) y que con oraciones, soplos y masajes practicaba curaciones. Aún hoy acuden a su casa y a su tumba numerosos peregrinos en demanda de favores y de salud.
Duendes domésticos traviesos que esconden objetos o cambian los muebles de sitio, y seres sobrenaturales, como los “juancaballos”, mitad hombre y mitad caballo, versión comarcal de los centauros mitológicos, que habitan en la sierra y se acercan a los pueblos en busca de alimento en época de sequía o de frío intenso, son protagonistas de historias y cuentos populares.
El fenómeno de “las caras de Bélmez” es la referencia más clara y actual del componente mágico de la comarca. Treinta años después de su aparición, en agosto de 1971, los misteriosos rostros que aparecen en el suelo de la casa de María Gómez Cámara, en Bélmez de la Moraleda, siguen despertando el interés de los curiosos y siendo objeto de numerosos estudios científicos y parapsicológicos que, descartado el posible fraude, todavía no han conseguido explicar su origen.
Fuente: Asociación de desarrollo rural de Sierra Mágina (www.magina.org) y www.promojaen.es (Jaén paraiso interior)
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